Berenjenas al escabeche

En Cocinina somos muy buena gente. Por eso, cuando tenemos una receta que deleita nuestros sentidos y además es facilísima, os la traemos cuanto antes.

Esta receta es de familia, y creo que casi no consigo el permiso de mi madre para subirla al blog. De todos modos, no he conseguido que se acerque ni de lejos a el manjar de los dioses que hace ella, a mí simplemente me quedan ricas. Perfectas en bruschettas con tomate, en pan tostado, en pizza, pasta, arroz… Son tan versátiles y fáciles de hacer que vale la pena tener siempre un tarro en la cocina.

Además, después de comerte las berenjenas puedes guardar el increíble aceite que queda, porque da muchísimo sabor a cualquier cosa a la que se lo eches.

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El único problema que le veo a la receta es que todas las medidas son a ojo, a vuestro gusto. Por eso precisamente a mí no me salen tan ricas como a mi madre, supongo.

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INGREDIENTES

  • 4 berenjenas medianas
  • 1L de vinagre de manzana
  • 5 dientes de ajo pelados enteros
  • Ají molido/chillies
  • Orégano
  • Albahaca fresca
  • Pimienta negra en grano
  • Aceite de girasol
  • Sal gruesa y fina

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INSTRUCCIONES

El proceso es muy sencillo: comienza por lavar las berenjenas y cortarlas en rodajas de centímetro y medio de grosor, aprox. Pon las rodajas en un colador por capas: una capa y sal gruesa, otra capa y sal gruesa… y así hasta ponerlas todas, asegurándote de que cada rodaja tenga sal encima. Déjalas reposar toda la noche con algo que recoja el líquido que van a soltar (un plato, un bowl…). Este proceso ayuda a que no estén amargas.

A la mañana siguiente verás como han soltado bastante líquido, ¡bravo! Ya puedes secarlas y preparar una olla con 1L de vinagre y 1L de agua, y ponerla a hervir (con la tapa puesta, claro). Mientras el agua se calienta, prepara una superficie con papel de cocina para secar las berenjenas una vez cocidas.
En cuanto el agua hierva, cuece las berenjenas en tandas de 4-6, hasta que estén hechas pero no muy blandas, ya que sino después se romperán cuando intentes manejarlas. Y sé que con este paso vais a tener problemas, porque me hacéis lo mismo con las patatas al horno, que las cocéis hasta que son puré y luego me lloráis.

Una vez las berenjenas estén todas hechas, puedes abrir un tarro de cristal limpio y empezar a montarlo: un chorro de aceite de girasol, orégano, chilis, sal, un par de hojas de albahaca fresca, diente de ajo, pimienta en grano, y una capa de berenjenas, y repetir. Obviamente no hace falta poner un diente de ajo en cada capa, aunque si os encanta el ajo os animo a poner más. A medida que vas llenando el tarro, con una mano ve aplastándo las berenjenas para hacer espacio y que estén bien compactas, sin aire.

Una vez estén todas las berenjenas, asegúrate de presionarlas bien y cubrirlas con aceite: NADA puede sobresalir del aceite. Cierra el tarro y ponlo en un lugar oscuro y fresco durante dos semanas.

Sí, la espera duele pero vale la pena.

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Apunta la fecha en un calendario, una nota, un tweet, un estado en Facebook celebrando la belleza de tu tarro de berenjenas o una simple etiqueta en el tarro. La cuestión es que, sin un minuto de dilación, pruebes el manjar que tanto tiempo has estado esperando. Y ese día, por favor, mándanos una foto y un mensaje de agradecimiento.

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Normalmente os diría que sólo queda disfrutar, pero en este caso os queda sufrir la espera y ponerle ojitos al tarro hasta que pasen los 14 días. Pero os prometo que después de esos días, ¡sólo queda disfrutar!

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Un abrazo desde nuestra cocinina, ¡y hasta pronto!

Fotos hechas por Jose Guerra Hermo

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